La quinua posee los ocho aminoácidos
esenciales para el ser humano, lo que la
convierte en un alimento muy completo y de
fácil digestión. Tradicionalmente, los granos
de quinua se tuestan y con ellos se produce
harina. También pueden ser cocidos,
añadidos a las sopas, usados como cereales o
pastas e incluso se fermentan para obtener
cerveza o chicha, bebida tradicional de los
Andes. Cuando se cuecen adoptan un sabor
similar a la nuez.
La quinua molida se puede utilizar para la
elaboración de distintos tipos de panes, tanto
tradicionales como industriales, ya que
permite mejorar características de la masa,
haciéndola más resistente, lo cual favorece
una buena absorción de agua. Esto se
incrementa si se utiliza una mezcla de quinua
y amaranto morado (o alegría). Se efectuaron
estudios comparativos de panes, en uno de
los cuales se utilizaba una mezcla de quinua y
amaranto, y en otro maíz y amapola; y en
dicha evaluación se observaron diferencias
significativas en la absorción de agua.
La harina de quinua se produce y comercializa
en Bolivia, Perú y, en menor cantidad, en
Colombia. En dichos países, sustituye muchas
veces a la harina de trigo y enriquece así sus
derivados de panes, tortas y galletas. Desde el
año 2007 se está desarrollando su cultivo y
consumo en el norte de Argentina y el norte
de Chile, y el 20 de febrero de 2013 la ONU
declaró el Año Internacional de la Quinua.
Uno de sus platos típicos de la zona del Cusco
es el pesqué o peské, que se prepara con
leche, quinua y queso y se puede combinar
con huevo frito e incluso con un trozo de
churrasco de carne; también se utiliza cada
vez más para relleno de empanadas.
Un problema para la masificación de la
producción de quinua es que posee una
toxina denominada saponina que le otorga un
sabor amargo característico. Esta toxina suele
eliminarse a través de métodos mecánicos
(pelado) y lavando las semillas en abundante agua..

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